Los « consejos » ya no bastan. La mayoría de los despachos proponen ciertamente una « puesta en marcha », pero ello requiere competencias muy distintas que embarcar equipos, sortear obstáculos que no podían aparecer en la fase de análisis y que constituyen nuevos datos… que pueden cambiar los planes iniciales, etc
Las empresas siempre necesitarán consultores : en estrategia (para obtener especialmente benchmarks mundiales), o en temas de expertise (tecnológicos, funcionales, sectoriales).
En este panorama, ¿cómo se posiciona el management de situación? Aporta muchas ventajas:
– La eficacia con el 100% de perfiles experimentados (sin hordas de novatos muy caros)
– La pertinencia con la agrupación de todas las expertises requeridas dentro de un equipo de proyecto
– El coste justo (facturación por día, tarifas muy competitivas)
– La combinación de la visión estratégica y de la dimensión operativa (el ADN del Directivo)
– La capacidad de puesta en marcha (es ante todo lo que se nos pide)
– El management de los equipos locales (un consultor clásico no está formado para ello)
– La conducción del cambio
– La identificación y la formación de relevos en la empresa, para asegurar la perennidad
Por estas dimensiones, el management de situación tiene un posicionamiento único, muy prometedor en el mundo de la « consultoría », en un entorno económico donde la velocidad de adaptación y la movilización de los equipos son más vitales que nunca.